[Intro]

A las cinco enciendo el fuego.
Teresa aún duerme junto al pasillo.

[Verse 1]

Le preparo leche con canela,
parto dos pastillas por la mitad.
Anoto el pulso en una libreta
y abro la puerta para ventilar.
Aquí me llaman «la rumana»,
casi nunca con mala intención.
Pero mi nombre tiene seis letras
y cabe entero en cualquier conversación.

[Chorus]

Ésta es la cocina que sigue encendida
cuando la plaza deja de sonar.
Una mujer cuida a otra mujer
para que ninguna se quede sola.
Yo sostengo la vida de Teresa;
alguien sostiene la mía en otro lugar.

[Verse 2]

La ambulancia tarda demasiado,
el médico viene un martes cada dos.
Si Teresa tose de otra manera,
aprendo a escuchar mejor que el reloj.
Clara coloca el micro en la mesa,
pregunta qué necesito ya.
No digo «paisaje», no digo «raíces»:
digo contrato, descanso, conexión de verdad.

[Chorus]

Ésta es la cocina que sigue encendida
cuando la plaza deja de sonar.
Una mujer cuida a otra mujer
para que ninguna se quede sola.
Yo sostengo la vida de Teresa;
alguien sostiene la mía en otro lugar.

[Cello Interlude]

[Bridge]

Teresa aprieta mi mano despacio:
«Mirela, tú también eres de acá».

No sé si una frase cambia un padrón,
pero cambia el modo de entrar.

[Final Chorus]

Ésta es la cocina que sigue encendida,
ya no parece una luz accidental.
Una mujer cuida a otra mujer
y las dos sostienen este lugar.
Ésta es la cocina que sigue encendida;
Clara graba el hervor y el respirar.
No hay pueblo nuevo sin quien cuide,
sin tiempo, vivienda y dignidad.

[Outro]

Apago el fuego cerca de las once.
Dejo una lámpara en el ventanal.

Mi hijo duerme a dos mil kilómetros.

Teresa duerme al otro lado del pasillo.

Y yo todavía estoy aquí.
